La memoria es una de las mejores barreras contra la barbarie

Ari y Giffa Czerniak junto a parte de la familia en 1931 - Ari y Giffa son los padres de Abraham Czernik protagonista principal de "Asesinatos discretos", son  mis bisabuelos.  La mayor parte de las personas que aparecen en esta foto fueron asesinados por los nazis

Ari y Giffa Czerniak junto a parte de la familia en 1931 – Ari y Giffa, padres de Abraham Czernik, protagonista principal de “Asesinatos discretos”, son mis bisabuelos. La mayor parte de las personas que aparecen en esta foto fueron asesinados por los nazis.

Mi zeide nunca hablaba del pasado. Jamás le oí decir nada de su infancia, ni siquiera adonde había nacido, nunca nos contó que le gustaba hacer de niño, ni lo que le habría gustado estudiar, ni de las razones por las cuales eligió venir a la Argentina, y mucho mucho menos acerca del asesinato de su madre y de sus hermanas por los nazis. Lo terrible es que su silencio ante el dolor tuvo un costo alto para él. Un infarto de miocardío pocos años después del final de la segunda guerra mundial fue el primer aviso. El silencio había empezado a actuar sobre su cuerpo. Cuando murió de un nuevo ataque al corazón más de una década después tenía menos de 70 años.
Hasta no hace mucho no supe que la mamá, hermanos y sobrinas de mi zeide Abraham, vivían en Antopol (actual Bielorrusia, 2.500 habitantes) cuando en 1942 los nazis invadieron la Unión Soviética. Se trataba de una pequeña aldea campesina (shtetl). En aquel entonces, Antopol tenía 3.000 habitantes, 2.300 de ellos judíos, de los cuales sólo siete sobrevivieron a los fusilamientos masivos efectuados por los nazis (entre ellos Pinhas Czerniak – hermano de mi zeide-, su mujer y su hija Iritz). Este es el punto de partida de “Asesinatos Discretos”, la novela que escribí en homenaje a mi abuelo y a todas las víctimas directas e indirectas de la barbarie nazi.
El protagonista principal de la novela es Abraham Czernik, mi zeide, quien por iniciativa de su hermano Pinhas, emprende la búsqueda de jerarcas nazis escondidos en la Argentina, en especial de Heinrich Müller, responsable directo, como jefe de la Gestapo durante la guerra, de organizar el exterminio de millones de judíos europeos.
“Asesinatos discretos” pone de relieve la convivencia forzada de los judíos argentinos con los oficiales nazis integrantes de las SS y la Gestapo, refugiados en nuestro país tras el final de la Segunda Guerra Mundial
A mí, como a muchos otros niños judíos de la década de 1960, nos repetían que los judíos nos entregamos de forma pasiva al matadero nazi, lo cual me generaba un gran malestar. Con los años aprendí que los hechos fueron diferentes.
Siento que tenemos la obligación de conservar la memoria de lo sucedido y de sus consecuencias. La memoria es una de las principales barreras contra el racismo y la barbarie. “Asesinatos discretos” pretende ser un pequeño ladrillo en la construcción de esta barrera imprescindible.
La novela finaliza con un pequeño recordatorio de los posibles vínculos entre los nazis que se establecieron en la Argentina y los métodos de represión empleados por los militares argentinos durante la década de 1970, personificado en la desaparición y asesinato de una prima hermana mía, nieta de Abraham Czernik, hijo, hermano, tío y abuelo de víctimas de la intolerancia y violencia nazi-fascista.

Diego Levis, noviembre de 2014

Este artículo fue publicado en el nº de diciembre de la revista Nueva Sión (Bs.As).

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